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Las verdades fundamentales sobre las que se apoya mi vida.

Encontrado en un diskette (sin fecha, pero será cerca del 2001 ó 2002)

¿Cuáles son las verdades fundamentales sobre las que se apoya mi vida?

Lo primero que experimento día a día, es que sólo el amor es digno de ser vivido, y que en nuestra vida todo lo que no sea amor corre el riesgo de llevarnos a enfrentarnos con nosotros mismos, con nuestra familia, con nuestros amigos o pareja.

Experimento de día en día, que gracias a que alguien me ensenó a amar hasta dar la vida y me dio fuerzas para hacerlo, he podido cosechar en casi 30 años amor por todos lados y no hay cosa que me haga sentir más feliz que el amar a todos y el ser amado por ellos, incluso en los encontronazos que tuve con otros. La vida me fue mostrando el modo de comprender y perdonar, cuando todo exigía venganza y odio, incomprensión y un corazón cerrado al perdón.

Esto último creo que fue una de las lecciones más fundamentales. El hecho de ser capaz de comprender y por esto perdonar, es algo que trae al corazón una paz tan grande, que el orgullo herido y el dolor legítimo van dejando de ser motores de odio, rencor, bronca y de la legítima pero a veces soberbia pregunta ¿Por qué tuvo que suceder así?
La seguridad con que el amor nos planta en la vida es algo que no se puede explicar.

Simplemente uno sabe que está en medio de un maremoto, que todo llama al desconcierto y al sin sentido, al dolor y a la impotencia que da el no comprender nada, y a pesar de todo esto, uno puede mantener la mirada serena, el corazón en paz y la cabeza dispuesta a superar lo que venga, amando al que tengo al lado y haciendo que la atmósfera oscura que a todos nos envuelve, sea para Él un poco más diáfana y amable.

Descubriendo vivencialmente que sólo el amor nos hace capaces de vivir con mayor plenitud cada día, es que hoy quiero invitarte a vos que leas esta carta, a que no pierdas más el tiempo en vos mismo.

Quiero invitarte a que todo lo que hagas, lo hagas movido por amor y pensando en el otro que tenés al lado, enfrente o más lejos. Nada pudre tanto la vida como el egoísmo, nada nos amarga más interiormente que el darnos cuenta al final del día que no fuimos capaces de vivir para los demás ni siquiera un poquito.

Tal vez esto te dé miedo, y es sano que lo tengas, tal vez te parezca incomodo, y no estás equivocado, pero a pesar del miedo y de la incomodidad, es una posibilidad que alguien te ha dado y que si te animas a vivirla vas a ir experimentando cómo el miedo se pulveriza y como la incomodidad, la fatiga y el «tiempo perdido» en otros, se convierten en los motores más eficaces de una paz profunda y de una libertad interior que sólo son capaces de contar aquellos que creyeron de verdad que hay más alegría en dar que en recibir.

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